10 de agosto de 2017

Un chaparrón para San Lorenzo / Crónicas de San Fabián


Jorge Muzam

Hoy se celebra San Lorenzo en el calendario católico. Lorenzo fue un mártir cristiano. Diácono Regionario que sucumbió martirizado en una parrilla en el año 258.  Para San Lorenzo no se trabaja. Así lo creen los campesinos antiguos. Así lo sienten. Por eso salen a distraerse donde algún amigo, por eso inventan un panorama, porque si están en casa es imposible no trabajar en algo. Y cuando el hombre no respeta el santo corre peligro de que se le queme una parte de su esfuerzo, o todo lo que ha conseguido. Me lo cuenta don Nonato mientras nos dirigimos a ver a su hermano en la villa Malalcura. Llueve intensamente, se empañan los vidrios de la camioneta. Debo manejar con cuidado. Los caminos están resbalosos, llenos de pozas de agua. Don Nonato, hombre de montaña que ha visto y vivido tanto. Su código de honor y sus creencias le han dado un marco de respeto a su existencia. Cree en la honestidad, en la palabra empeñada, en la bondad natural de las personas. Es tranquilo, pausado y alegre. A veces brindamos con chupilca, casi en silencio, por San Fabián, por la buena salud de la gente querida, por la vida misma.

Avanzamos por calle Purísima hacia el norte. Los plataneros están muy podados y ya no rugen como antaño. Autos relucientes circundan el consultorio. La lluvia ya parece aguacero. Salen y entran vehículos a la ferretería de Abner. La residencial Villa Luz ostenta un nuevo cierre perimetral. En su interior los bellos viejos árboles de siempre. Dobla un bus verde en la esquina del castaño. El agua turbia del chaparrón corre por los costados de la calle. Don Nonato me cuenta una antigua historia que retrata la fuerza del santo que él tanto respeta. Hace muchos años un vecino de Maitenal decidió trabajar para San Lorenzo. Lo hizo a sabiendas, desobedeciendo, pues un día sin trabajar sale muy caro para quien solo cuenta con lo justo. La cosa es que mientras este vecino realizaba sus labores se empezó a quemar su galpón. Dentro estaban los bueyes. Quienes estaban cerca corrieron a ayudarlo. Soltaron un buey. El otro tenía el nudo atascado. Se desesperaba y el fuego ya lo rozaba. Finalmente cortaron su soga con un hacha y el animal salió con el lomo ardiendo. El cobertizo terminó de quemarse. Entre los escombros encontraron un cuerpo. Era otro vecino que seguramente se había echado a dormir para pasar el exceso de copas. 

Llegamos a la villa Malalcura. Las nubes no dejan ver las montañas. Don Nonato se despide con la amable caballerosidad de siempre. Prometo volver a buscarlo antes que oscurezca.

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