12 de junio de 2019

El último barón / Crónicas de San Fabián


Por Jorge Muñoz Zambrano

En calle 21 de Mayo, pasado la Plaza de San Fabián en dirección al cerro Alico, se encuentra ubicado el último barón de la comuna. Cumple la función de estacionamiento de caballos del restorán La Posada. Frente a él está la antigua casona de la familia Middleton. 

Los barones están en la memoria emotiva de los sanfabianinos. Antiguamente estaban por todos lados. Junto a almacenes, restoranes y cantinas. Y si era época de ramadas, se improvisaba un barón para la ocasión. El caballo era el principal medio para desplazarse de un punto a otro. Por eso se requería de un espacio para mantenerlos amarrados y bajo control. Eran parte del paisaje. Quizá por eso se les siente como algo tan propio. Tal como las banderitas rojas evidenciando la existencia de carnicerías, o las banderitas blancas anunciando el pan calientito de las panaderías. 

Los caballos esperaban con paciencia budista a sus sedientos jinetes, o a las diligentes familias que sobre ellos se transportaban. De repente un relincho suave, casi como un carraspeo, alcanzar una hoja seca entre las patas, espantar un tábano con la cola. El resto era rumor de brisa, traqueteo de carretas, niños jugando a molestar al cuidador con pata de palo de la plaza. Era el cansino transcurrir de este bello pueblo cordillerano.

Hoy, parte importante de la comunidad pide que vuelvan los barones, ojalá en cada cuadra, en cada barrio. Solo para verlos, para saber que están ahí. Para abrigar la nostalgia y soñar con los ancestros esperando el arribo de caballos extintos. Porque la comuna y el país han cambiado. Las nuevas generaciones tienen preocupaciones y anhelos distintos. Y existe una ordenanza ambiental, normas urbanas, leyes del tránsito, y nuevos vecinos venidos de la ciudad, a quienes no les hace mucho sentido esta particular añoranza.

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Fotografía: Jorge Muzam 12/6/2019

4 de junio de 2019

Turismo de Invierno en San Fabián


Por Jorge Muñoz Zambrano

Las bondades de esta hermosa tierra cordillerana no desaparecen con la finalización del verano. El otoño trae temperaturas templadas, abundante fruta y mutación de colores. También trae silencio y brisa suave. Posibilidad de reencontrarse consigo mismo a la orilla del río Ñuble bebiendo mate y contemplando el chapoteo de los patos silvestres.

A medida que se intensifica el frío, las árboles caducifolios quedan desnudos, y los de hoja perenne persisten en albergar hojas de llovizna. 

Es posible adentrarse hasta los parajes de Trabuncura, La Balsa, Los Puquios o Pichirrincón, contemplar la majestuosidad de las montañas espolvoreadas de nieve, señoriales cóndores vigilando las absurdas proezas de los hombres. 

Dónde dormir? Cientos de cabañas perfectamente equipadas en medio de distintos parajes cordilleranos esperan ser disfrutadas. Calefacción garantizada. Conexión o desconexión con el mundo. Cada uno busca algo distinto. Lo importante es que al alzar la mirada siempre estarán las montañas embriagándonos de felicidad admirativa.

Y dónde comer? Cazuelas siempre habrá en la mesa de los restoranes sanfabianinos. Cazuelas de pava con chuchoca, de vacuno, de chivo. Lentejas con longaniza. Una porotada rokhiana. Pollos y estofados a la orden. Dulzor venezolano en calle Independencia. Las sabrosas fajitas de don Francisco Alvarado en calle Andes. Tortillas de rescoldo de la señora Flor. Sopaipilllas a punto de la señora María. Picarones y chilenitos. Asado de chivo en el Fogón del Tenco. Sonrisas amables en el Pino Alto. Café y cultura en Cuna de Parras. Y en el Mercado Campesino, todas las delicias en conserva que producen las cultoras gastronómicas de nuestra tierra. Harina de avellanas, mermeladas de rosa mosqueta, miel pura, café de trigo, changle en escabeche y un sinnúmero de inigualables exquisiteces elaborados con el cariño y la exclusividad del sello sanfabianino.

Y qué más? Para quienes busquen más que silencio y contemplación, hay bajadas en rafting, cabalgatas, discoteque, Casa de la Cultura y mucha gente amable que ante cualquier pregunta esbozará las numerosas bondades de vivir en este mágico territorio fronterizo de la región de Ñuble.

Desde San Fabián solo pedimos respeto por nuestro territorio, por nuestra gente, por nuestra flora y fauna. Por nuestros esteros, ríos y montañas. Conducir con precaución, a baja velocidad. Saludar siempre, con amabilidad, tal como lo hacemos nosotros. Comprar en nuestros mercados, almacenes y supermercados, y no dejar basura en medio de la naturaleza. No dejar nunca plásticos, envases o botellas. Porque hacerlo es un atentado deleznable contra este santuario de la naturaleza, contra esta privilegiada reserva de la biósfera que debiéramos proteger entre todos.


2 de junio de 2019

San Fabián tiene un imán


Jorge Muñoz Zambrano

Llueve parsimoniosamente en la comuna de San Fabián. Es un agradable domingo para tomar mate, comer sopaipillas y volver a contar junto al fuego las asombrosas peripecias de nuestros ancestros. 
Los domingos de San Fabián eran de levantarse temprano. Atizar fogón y brasero. Ponerse la manta y el sombrero percudido para soltar las ovejas, contar los chivos, darle de comer a gallinas y chanchos, acariciar la cabeza del perro amistoso.

En el intertanto alguien ponía la tetera, cebaba el mate y acostaba tortilla y charqui sobre la parrilla.
El humo y el polvo, la humedad y el frío, eran parte del ser sanfabianino. Tal como el aroma a corral, a pudridero de hojas, a vacas empantanadas. El manso caballo parecía filosofar mientras observaba la lejanía desde el límite del potrero. Filosofaba sobre asuntos de caballos y desde su lomo siempre ascendían sutiles nubecitas de vapor.

Han pasado los años. Algunos se quedaron. Otros hemos regresado. Porque San Fabián tiene un imán al que no podemos resistirnos. No importa dónde hayamos estado, ni el tipo de trabajo, ni el tiempo transcurrido, porque nuestra mente y corazón siempre permanecieron entre estas montañas que hoy nos embriagan de belleza con sus cortinas de llovizna, nos solemnizan, nos tornan humildes ante una inmensidad que solo podemos admirar y querer.


Fotografía: Alejandra Labrín

29 de mayo de 2019

Una mirada desde San Fabián de Alico / Memorias chileno-argentinas



Por Raúl "Ruli" Aranda (*)

En enero de 2019 visitamos la localidad de San Fabián de Alico, situada en Chile a igual latitud que la localidad de Las Ovejas con el fin de conocer diferentes aspectos, uno de los más importantes era saber cómo fue el proceso migratorio y obviamente el aspecto humano de la sociedad Sanfabiana que nos despertaba mucha inquietud.
En repetidas oportunidades hemos escuchado a las cantoras contarnos acerca de  los pasos a Chile, de los parientes que allí vivían, pero con nuestra mirada de pueblero  tomábamos esta opinión con un sentido de distancia, de aislamiento, de olvido.  Quizás influenciados por las décimas sobre hechos y sucedidos que describían los inconvenientes que sufrían los pobladores que asumían cruzar y que los sorprendiera una nevada.
Pero haber visitado San Fabián de Alico nos dio la posibilidad  de tener una mirada desde el otro lado de la cordillera y comprobar que ni la distancia ni el aislamiento ni el olvido es tal. La cordillera une a una misma sociedad dividida por la historia y la geopolítica. Nos sorprendió encontrar en cada entrevistado el candor y la mirada afable que nos regalaban, el orgullo de su cultura al tiempo que en mi calidad de Argentino, más exactamente de neuquino que había recorrido  una y otra vez las comunidades del norte neuquino, prácticamente no notaba diferencia alguna. La sensación era la misma que cuando recorría los parajes y pueblos del norte de la provincia del Neuquén separada por unos pocos km de San Fabián.
Teníamos mucha ansiedad de conocer San Fabián y Linares, lugares de donde migraron muchos campesinos a la Argentina. Lo de Linares quedó para otro viaje, pero San Fabián nos dejó la sensación de  ser una comunidad campesina donde permanentemente recuerdan a aquellos parientes que se fueron. Felizmente con el apoyo del municipio de San Fabián pudieron no hace mucho tiempo encontrarse entre hermanos, primos y algún pariente lejano. De alguna forma se reconstruyeron lazos que el tiempo, (los conflictos entre países, las trabas  aduaneras) lo habían distanciado.  Se notó que en estos encuentros fundamentalmente reconstruyeron la memoria histórica y comunitaria, esto se percibía al recordar nombres de parientes que hacía mucho tiempo se habían ido, la sensación de  "haberles perdido el rastro" como se suele decir. El reencuentro asomó repetidamente en nuestras entrevistas, muchas veces el pariente aquel que se había ido, ya no estaba, pero si encontraron primos y tíos desconocidos hasta ese momento que fueron incorporados al mundo de relaciones recuperando el sentido de comunidad.
Desde el lado neuquino nos imaginábamos que desde Chile habían llegado campesinos agricultores, pero para el pueblo "San Fabián de Alico" ser "crianceros" es una actividad también de los campesinos locales, también son veranadores y es la cordillera lo que los une.  Allí se encuentran con crianceros neuquinos, nos hablaron de las amistades entre veranadores de uno y otro lado, que existen conflictos como el robo de animales pero resaltaron la amistad y el hecho de cuidarse mutuamente ante cualquier situación de robo. 
 Habíamos leído que la expulsión de campesinos chilenos se debía a la ocupación del suelo por parte de  latifundistas, esta situación aparece dfusa en la memoria de los pobladores de San Fabián. Jorge Castro Muñoz recuerda:
"(...) está  de tres esquina donde hay un reten de carabineros ahí aparta un camino que se llama a Zemita, al fundo Zemita y de ahí hacia abajo es una recta que hay que debe tener sus tres o cuatro quilómetros  mas o menos (...) y eso antiguamente se conocía como el callejón de los Rivas era una alameda por lado y lado (...) La familia Rivas tenia propiedades desde el limite Argentino hasta la costa"
Segun Nelson Soto Candia Juan Francisco Rivas Cruz "realizó adquisiciones prediales, a partir de 1882, Sustentado sobre la estrategia de presionar a los vecinos con piños de animales que les arrazaban los sembrados  o los rodeaba con sucesivas compras, hasta dejarlos sitiados viéndose estos en la intimidación de transferirles sus campos no precisamente al mejor valor" [1]
Evidentemente, tal como lo indica la bibliografía antes consultada la aparición de estos grandes hacendados generaron una expulsión de campesinos, que aunque no aparezca en la memoria de los pobladores consultados haya sido uno de los factores por el cual emigraron tantos campesinos al norte Neuquino.
Curiosa fue la respuesta de Leonor Almuna, quien ante la pregunta porque emigraron al norte Neuquino respondió que según los antecedentes "todo el norte Neuquino pertenecía a Chile" y las familias estaban todas distribuidas.." Cuestión que puede tener asidero dado que en Argentina había un estado ausente. "Leonor afirma que el registro civil estaba en San Fabián[2]" cosa que es cierta en razón de que el Juzgado de Paz de "Las Ovejas" fue creado en los años 60 del siglo que acaba de finalizar.

La violeta... Argentina...

San Fabián, cuna de Nicanor Parra,  disputa con San Carlos el nacimiento también de Violeta. Pero otra Violeta...  la "Almendra" que falleció en el Rio Nahueve (Neuquén- Argentina) donde había desaparecido su Amor "Diógenes Burgos", de estas circunstancias un poeta anónimo escribió el romance de "Violeta Almendra", un tema que cantan las cantoras del Norte Neuquino de uno y otro lado de la cordillera del viento, ¡también cruzó la otra cordillera! y  sorpresa fue encontrarla también en San Fabián de Alico. El haber escuchado en San Fabián el romance de "Violeta Almendra" nos llenó de alegría, y de alguna manera nos mostraban la cultura de ida y vuelta.  Nos confirmaba que las fronteras son porosas, que un límite no corta la fraternidad de las relaciones humanas.



[1] Publicación El Sancarlino - Auge, Esplendor y sombra de las haciendas Zemita-Virguin (I) 8 de setiembre de 2018
[2] Según datos que ella toma de un historiador argentino.

*Raúl "Ruli" Aranda es un destacado investigador cultural neuquino.

21 de mayo de 2019

El Peral / Notas sanfabianinas


Jorge Muzam

Hoy he preguntado a don Moisés Zapata, profesor de música del liceo local, si sabe de posibles tumbas incas en la cordillera de Ñuble. No me entiende la pregunta, o la entiende de una forma distinta y me cuenta de aquella vez que enterraron un baqueano en El Peral. El hombre simplemente no aguantó. Lo pilló desprevenido la soledad. Lo encontraron por casualidad. No había cómo traerlo a un cementerio normal, así que lo dejaron bajo un túmulo de piedras gastadas. Allí mismo. Donde ni las ánimas penan. Fue hace mucho tiempo. Pero quienes sabían de ese suceso entendían que aquel espíritu no estaba en paz. Que iba de árbol en árbol, de hierba sobre hierba, de nube a nube, con puelche frío o viento norte. Demasiada soledad hasta para un espíritu. La inquietud está en el armario de la metafísica. Asuntos no resueltos obstaculizando la trama final. Epílogos sin inventar que impiden estampar el alma como un liquen pardusco sobre la piedra. Por eso los descendientes o conocidos volvieron a darle una última misa. Un saludo de aquí estamos y seguimos adelante. Descansa en paz hombre rudo. Que un dios o todos los dioses te den la absolución. Que la paz sea siempre contigo.
Pregunto a don Moisés por qué ese lugar se llama El Peral. Me responde que alguna vez fue una puebla. Pero no había agua. Por eso plantaron por plantar. Siempre soñando con un porvenir más largo que un día, que una semana, que una temporada de pastoreo. Los baqueanos son imaginativos. Avizoran hijos, una mujer amigable, voces inventadas en torno a un fogón, allí donde solo rumorean raulíes y coigües, donde la nieve se envuelve a si misma en remolinos ostentosos. Por eso allí existen perales. Arboles solanos que crecieron como hijos sin padre. Solo con lo que prodiga el aire y el sol. Quizá un banco de niebla que empape las hojas. Por eso dan peras tan duras, para que los hombres sepan que sobrevivir no es asunto fácil.

Fotografía: Jorge Muzam

4 de mayo de 2019

La Cruz de Mayo mantiene vivo su espíritu ancestral en San Fabián


Jorge Muñoz Zambrano

La Cruz de Mayo es una de las celebraciones campesino-religiosas más emblemáticas de la cultura sanfabianina. Heredera de un antiguo rito romano que se traspasó a Hispanoamérica adquiriendo en el camino diversos matices regionales.

En el caso de San Fabián, cada 3 de mayo se reúnen parroquianos de diferentes sectores para compartir en torno a la ceremonia de vestir la cruz. A la par que se brinda con navegados o chocolate caliente, y se degustan chilenitos, tortillas y sopaipillas, se realizan cánticos, se recitan payas y se enciende una gran pira de ramas en torno a la cual se cantan tonadas y se bailan cuecas.

Este año se celebró, de manera excepcional, el día jueves 2 de mayo, y por causa de la intensa lluvia debió realizarse bajo techo, específicamente en el edificio que está detrás de la Parroquia de San Fabián. Ello no disminuyó la alegría y entusiasmo con que compartieron numerosos vecinos de la comuna. Compartió con ellos el alcalde Claudio Almuna, el Padre Raúl Muñoz y el Dideco Cristofer Valdés.

Durante los últimos años, la organización de la Cruz de Mayo la ha asumido el Conjunto Folclórico Voces Cordilleranas, con apoyo de la Parroquia y la Municipalidad, permitiendo mantener viva en la comuna esta llama identitaria de nuestra cultura ancestral. 

Sin embargo, es deseo del mismo Conjunto que a partir del próximo año sean muchas organizaciones y personas naturales que se sumen a la preparación, participación y difusión de esta fiesta tan querida y tradicional de nuestro pueblo.



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