26 de mayo de 2017

Tiempo de escarcha / Crónicas de San Fabián

Jorge Muzam

Un intenso frío nos ha azotado durante mayo. Un frío temprano que no se sentía desde los ochenta, cuando empezamos a percibir un sostenido cambio climático que acortó los inviernos. Hasta esa fecha el frío empezaba en abril. Grandes temporales que duraban dos semanas. Silbido de alamedas. Rugido de encinos y castaños. Escarcha que no se disipaba hasta el mediodía y que continuaba indeleble hasta el otro día en los lugares sombríos.  

Las personas mayores de San Fabián tienen marcada la nieve en cada recuerdo, sobre todo los que vivían hacia Las Veguillas, El Roble o Pichi Rincón. Los caminos se cortaban para carretas y vehículos. Los animales sufrían la falta de forraje. Las familias tenían muchos hijos que se criaban como se podía, con lo que alcanzaba. Por eso los pies casi siempre estaban descalzos, la ropa se heredaba de grandes a chicos y los utensilios se hacían durar, pues todo el trabajo de padres e hijos mayores alcanzaba apenas para alimentarse.

Recuerdo que en otoño se aprovisionaban carretas de bueyes con harina, aceite, arroz, fideos, yerba mate, azúcar y té. Sacos de trigo para los pollos, harina tostada y alguna garrafita si se podía. Eran los ingredientes de la supervivencia en la alta montaña. Esas carretas no volverían hasta la primavera, dependiendo del camino. Los huasos olían a manta mojada, a ropa percudida, a cuero de chivo, a sudor, a humo. Manos grandes, manos de acero, surcos profundos en el rostro, mirada mansa, de sabiduría, de paz con la naturaleza, de recogimiento ante los antepasados. El humor y la picardía eran parte de la diplomacia, de la honestidad de las formas. La generosidad se llevaba en el alma, ni siquiera era un tema para pensar o discutir.


Cosecha de morrones

El general Omar, guardián en jefe de nuestros dominios, supervisando la cosecha.

Ayer coseché los morrones del huerto. Dejarlos más días a la intemperie los hubiese quemado con la helada o pudrido con la humedad que deja la lluvia. Algunos se consumirán frescos y el resto será rebanado y congelado para acompañar los guisos del invierno. Aproveché de tomar los tomates cherry que aun siguen madurando y llené la carretilla con zapallos camote, que este año crecieron poco, pero cuyo sabor no desmerece ante los zapallos gigantes.

Casi todas las casas sanfabianinas poseen un huerto. Grande o pequeño, nuevo o antiguo. Algunos se han heredado de generaciones pasadas. Lo que se produce en los huertos es relevante en la economía familiar. Lo que la tierra nos brinda deja de comprarse, destinando el siempre escaso dinero a menesteres más acuciantes. Hay vecinos que han logrado generar excedentes y vender su producción. Han construido invernaderos firmes, preparan almácigos, mejoran la tierra y la semilla, y el resultado lo disfrutamos todos los sanfabianinos que podemos acceder a sus productos orgánicos a precios razonables.

16 de mayo de 2017

Harinado para celebrar la tarde / Crónicas de San Fabián

Jorge Muzam

Un harinado para celebrar la tarde, la siembra de avena, el advenimiento de una nueva lluvia. Vino de montaña, harina tostada de don Chando Ramírez, cucharadas de dulzor desde un azucarero centenario. Las camisas están mojadas, hay surcos de alegría sobre la mirada, manos ardiendo de tanto levantar sacos y troncos espinosos. El día está lejos de terminar. Se oyen motosierras en el bajo del río, martilladores de cabañas para turistas, nguillatún de queltehues. El valle es un hormiguero de labores. Pronto vendrá la poda, la siembra de arveja, la reubicación de los frutales pequeños, la selección de arbustos medicinales. Este año aportaremos natre, hinojo, tilo y barraco. Hemos andado por los cerros, entre quilas y robles, sugiriéndole a vacas y chivos que volver a la civilización no es cosa tan mala. Poco caso nos han hecho. Desde arriba las pueblas son maquetas liliputienses, el Ñuble un brillo de babosa. Ya bajando nos han invitado a capear la lluvia en cocinas humeantes. Convidado mate y tortilla, conversación amistosa, caballerosidad en las formas, infinito respeto. El tema preferido es el recuerdo de tiempos mejores, la nieve que absorbe las botas, la manta de Castilla pesada como cordero mojado. El humor corre por cuenta de los borrachos excesivos. La mona de seis días. La garrafa empinada como lema de arriero de mil batallas. Es la tradición cordillerana de hombres libres que sobreviven las tardes de invierno filosofando en torno al fogón.

21 de abril de 2017

Reconocerte en el silencio

Lorena Ledesma

Levantarte antes del amanecer. Reconocerte en el silencio. Una ducha caliente y una taza de leche con café. Afuera Tatón ronca tiernamente. ¿Sueña? Las noticias no me tocan, una sospechosa distancia astral me hace indiferente. Eso no es usual. Tomarte el tiempo necesario para encontrarte suficiente, necesaria, indiferente. Libre. De camino al trabajo el frío me da un abrazo frío y alegre. Nunca antes el frío me había causado esta felicidad. Recorro la mañana con asombro, a pie. Recolecto imaginariamente cada flor, saludo a los perros, intento reconstruir historias en estas calles que usualmente me parecen ajenas. Me sonrío. Deconstruirme es mi pasatiempo favorito, tanto como jugar a la rayuela con las baldosas, contemplar las nubes o fotografiar árboles. Es bueno esto de tener días en los que te sentís de una sola pieza.


*Texto extraído de un estado de Facebook de la autora.

Bruma otoñal



Jorge Muzam

La bruma otoñal se engulle el paisaje de San Fabián. Las montañas parecen espectros azulados, acuarelas desparramadas de un párvulo empeñoso. Se han amarillentado los álamos. Madurado los higos. Llegan tiuques chillones a parlotear sobre los cerezos. Parecen estarse agarrando a las chuchadas. Los pájaros tienen una convivencia complicada, cierta envidia, demasiada vanidad. Y pensar que hay tanto cielo.

Se van secando las ciruelas hasta parecer piel de anciano centenario. El sol abrileño las adoba incrementando su aroma y dulzura hasta dejarlas listas para convertirse en fruto seco. Nubes vagas se estacionan sobre el cerro. Parecen naves nodrizas de poetas saturnianos. 

Las manzanas caen como meteoritos sobre la hierba. Y las encinas. Y las castañas. La despensa está en el suelo. Las ovejas golosas ya no dan abasto. Mastican con desgano para rellenar las horas. Mirando a los ciclistas del camino, a los tractores con cebollas, a los perros vigilantes. 

Arriban dos cerditos de la cordillera. Quedan en el último galpón. Les llevo manzanas y agua limpia. Se muestran atentos y parsimoniosos, como chanchitos zen. Mastican manzanas de a poquito, con modales de señoritos, y beben agua sin hacer mucho ruido. 



Tesoro inmaterial

Jorge Muzam

Tengo un afán compulsivo por juntar libros. Todos los libros con los que siempre soñé. Esa enorme biblioteca que llegaría hasta el techo, que yo mismo construiría, y donde albergaría mis amados libros, y también los libros despreciados por otros. Todas las áreas del conocimiento tendrían cabida: la geología, la pintura, la astronomía, la música, la literatura y la filosofía. Lo nuevo y lo antiguo.

La poca practicidad de ese deseo, la imposibilidad de llevarlo a cuestas en mi errancia, me ha volcado a un frenesí por encontrar libros virtuales, obras sin existencia física, sin peso ni masa, obras completas de mis autores preferidos, y obras importantes que desconocía y a las que he llegado por mero accidente.

En esta nueva forma de acumulación nos vemos obligados a prescindir de ciertos aspectos sensoriales. Aspectos que eran importantes a la hora de disfrutar un libro a la antigua, como poseerlos en nuestras manos, cuidarlos de los peligros, de las manchas y estropicios del diario vivir, contemplar sus tapas, su diseño, sus letras, su aroma, sobretodo el aroma a tinta fresca o al encierro de las bibliotecas, y ese sonido invaluable, especie de carraspeo circunspecto del tiempo que era el leve crujir del cambio de página.

Pero todo puede suplirse. Al menos permítanme el autoengaño. De esta forma, me he enriquecido con obras de Stefan Zweig, Philip Roth, Hemingway, John Steinbeck, José María Arguedas y Ciro Alegría. También de una selecta biblioteca consagrada a la creación chilena. La lista es muy grande y no quiero aburrir a mis amables lectores. Sólo comunicarles acerca de este extraño mal que me afecta, algo así como una secuela de esa fiebre que padecieron los monjes medievales que resguardaron el conocimiento de la humanidad.

No sé que pasará con esta selección de obras. Es un tesoro sin valor para quien no le importe el saber o la mirada de los demás. Pero a mí ya me enorgullece. Si quiero leer o tan sólo consultar a Hobsbawm o a Flaubert, o a quien sea, sólo abro la carpeta correspondiente, y allí encuentro al segundo todo el registro que dejaron en su paso por este mundo.

Translate

Creative Commons License
San Fabián de Alico Bog Noticias is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.

Buscar en este blog