Jorge Muzam
Somos muchos los sanfabianinos que recordamos con añoranza nuestra infancia, la vida campesina, la enseñanza que nos legaron nuestros padres, abuelos y hasta bisabuelos.
El traspaso de los saberes entre generaciones se iniciaba desde muy temprana edad. Había que aprender a hacer de todo, ser autosuficiente, eficaz y colaborativo. Era la forma habitual de vivir de la comunidad sanfabianina.
Una de las instancias en que se compartía en familia, y también con vecinos y amigos, era la muerte de chancho.
Era un proceso extenso, pues involucraba muchas fases, desde los preparativos, la invitación a los vecinos o amigos de la familia, la muerte misma del chancho y la posterior derivación a distintas faenas asociadas que permitían preparar la tapa guata, los chicharrones, el costillar, las prietas, el arrollado, el queso de cabeza, la longaniza, el lomo y las deliciosas sopaipillas fritas en manteca.
La muerte de chancho solía hacerse en invierno, en parte porque en los meses previos había abundancia de frutas, avellanas, encinas para la engorda del animal. También para aprovechar el frío para la vida útil de la carne, obtener calorías extras para el cuerpo y porque se hacía coincidir con el popular mes de los santos. Más específicamente con San Antonio, el 13 de junio, quien era y sigue siendo un santo muy respetado por los devotos católicos campesinos de San Fabián. Vincular la faena a junio permitía ahumar la carne y los distintos productos derivados para que durasen varios meses. La vida familiar y comunitaria durante los meses fríos se circunscribía al espacio del fogón o cocina de humo. Al menos así fue hasta los años ochenta del pasado siglo.
Los costillares, prietas y longanizas quedaban colgados en un alambre recibiendo el constante beneficio del humo que los mantenía protegidos de la caducidad. De esta forma iban pasando los meses y siempre había algo que echarle a la olla. Cuero de chancho para los porotos, costillar para las cazuelas, longanizas para amenizar desayunos y onces.
La modernidad ha vuelto cada vez más escasa esta costumbre, por lo que hoy se le recuerda con cariño y nostalgia, pues era un espacio de diálogo, de alegría, de trabajo colaborativo, de calor familiar, de arraigo a la tierra, de traspaso de saberes.
Esta nota tiene como único objetivo resaltar esta añoranza y destacar la iniciativa e invitación que nos hizo don Juan Luis Sepúlveda de la comuna de San Fabián. Él quiso recordar la muerte de chancho poniendo en práctica todos sus conocimientos adquiridos en la infancia e invitando a la familia y amigos a compartir este proceso tan vinculado a las bases identitarias de la gente de nuestra comuna.
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Fotografías: @ Lorena Ledesma



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