16 de marzo de 2017

El Johny / Crónicas de San Fabián

Jorge Muzam

Nos encontramos en el Fogón del Tenco, en Las Guardias. Fue una noche grata junto a don Tenco y su esposa, su hermano Johny, don Hugo Villegas y su hermana, mi esposa Lorena y yo. Chivo al palo, pebre, vinito tinto, noche templada, estrellas titilantes y conversación amistosa. Los temas convocantes: preparación de actividades anuales del Comité Nido de Parras, San Fabián en la Ruta de Violeta Parra, rescate y difusión de la vida y obra de Arsenio "Cheñito" Parra y un sinnúmero de propuestas que pretenden convertir a San Fabián en un territorio cultural relevante a nivel nacional.

Particular interés teníamos en conocer a Johny, bello personaje de nuestra comuna, extravagante, trotamundos, artesano, poeta, cantor, hombre de mil oficios, con acento más argentino que chileno, pero sanfabianino de corazón. Johny jamás pasa desapercibido. Su atuendo es su emblema, casacón sin brazos de cuero de vaca, pulseras de cuero, botas rojizas, manos de boxeador, de obrero, de hombre que ha moldeado el mundo a su paso.

Tiene 78 años y una vitalidad de 20. Sanfabianino de origen, de infancia, de juventud. Supo de la pobreza, del trabajo duro, de hacer camino al andar, porque ni caminos había en sus años mozos. En los 70 se fue para Argentina. Realizó mil labores para sobrevivir, y de paso de forjó un carácter, un temple, un destino.

Sus recuerdos parten desde el 47, cuando tenía cinco años. Desde esa época recuerda la balsa de El Caracol, y más arriba, en Los Sauces, el cajón sujeto a un cable por donde se cruzaba el río. Enfatiza que en el Inglés se construyeron varios puentes colgantes que no duraban mucho. Primero se hicieron para que pasaran solo personas, luego para que pasaran caballos y cuando se hizo uno grande para vehículos se vino abajo antes de su inauguración. 

Al menos hasta el 55 recuerda haber visto formas de esclavitud en San Fabián, con patrones huasqueando desde sus caballos a empleados sin sueldo. Johny atribuye los avances chilenos en materia laboral al papel que jugó el peronismo en Argentina. Un eco tardío de la presión de los trabajadores argentinos que traspasó la frontera hasta hacerse realidad en Chile. Las 8 horas, vacaciones, jubilación. Johny bebe cerveza, tararea canciones, tiene buen humor. El resto lo escucha con gran respeto y admiración. Es un hombre sabio, una enciclopedia andante, un espíritu libre.

Johny prosigue con sus recuerdos. San Fabián fue conocida como tierra de cuatreros, de bandidos, de los que arrancaban desde el valle central perseguidos por la policía y los que iban a incursionar en las haciendas argentinas. El intercambio era prolífico, legal e ilegal, amistoso y forzoso, hasta el punto de que hasta en Chos Malal se comerciaba con plata chilena allá por los años 30.
Las recuas de gauchos con mulas cargadas eran portentosas. Traían cueros, quesos, bolones de grasa. Desde Chile llevaban granos, zapatos, mantas de Castilla.
Guillermo Lagos padre tenía el monopolio del intercambio. Tenía molino, les vendía la harina y les compraba todo lo que traían. Tenía unos galpones donde se descargaban las mulas y se volvían a cargar con productos chilenos. El pueblo era dinámico. Las hermanas Alarcón tenían una botica, Juan Olave el boliche, Carmen Acuña el almacén. Los jueces eran bravos. Por robar media docena de huevos mandaban cinco días al calabozo. Por una docena, diez días.

Entre el 52 y el 54, Johny ayudó a hacer el camino hacia El Caracol. Una cuadrilla de cinco obreros. Ya se trabajaba para hacer el tranque Punilla. Llegaban camiones hasta Los Puquios y Lara. Luego se transportaban los materiales en carreta. Johny recuerda que en El Caracol había una balsa muy utilizada y un cajón y los caminos eran buenos en esa parte. Sin embargo la huella de esos caminos ya no existe y menos la balsa.

La velada transcurrió en medio de bromas y aplausos hacia las pecualiarísimas intervenciones musicales de Johny. Premunido de su bombo, armónica, maraca y guitarra interpretaba viejas canciones a su santa y deslenguada manera. También improvisaba letras, comunicaba pareceres al ritmo del tum tum, y entre canción y canción, don Tenco lo acompañaba con el emboque, combinación deliciosamente surrealista que habría deleitado a Jodorowsky.


1 comentario:

  1. Ha hecho leyenda este viejo rico en historia.Un loco lindo ❤.

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