6 de febrero de 2018

Semana de la Montaña San Fabián 2018 da un ejemplo de inclusión al país


Jorge Muzam

La tradicional Semana de la Montaña en la comuna cordillerana de San Fabián contó este año entre sus candidatos a reina y rey feo con dos queridos personajes de la comuna, reconocidos por su simpatía y su alta vulnerabilidad social, así como otros dos candidatos del sector Maitenal, representantes de la familia Melo, que dieron ejemplo de proactividad, de convicción, de compromiso, de amor por la comuna y de profunda sensatez democrática.

La Semana de la Montaña acumula un historial de más de 35 años plagado de notas alegres, de congregación de multitudes de pobladores y visitantes que llegan hasta la cordillera de Ñuble a disfrutar de la belleza del entorno, de los ríos y montañas, y también de las templadas noches veraniegas, donde las personas se acercan hasta la plaza comunal a disfrutar de variados espectáculos montados por la municipalidad. Han pasado por allí desde humoristas estrellas como Bombo Fica hasta grupos reconocidos mundialmente como Los Jaivas. Siempre se desarrolló durante la última semana de enero y los primeros días de febrero.

En los 80 amenizaba habitualmente el grupo sancarlino Enjambre, con artistas modestos, locutores vocingleros y alta participación de las tribus. Se realizaba en la plaza, en la cancha del liceo y en la piscina municipal. Un sentido competitivo entre sanfabianinos y visitantes se apoderaba del pueblo. Se mojaba la camiseta por un sentimiento territorial, para sentir el gusto de ganar, de saberse mejores, en tiempos de mucha precariedad y aislamiento. San Fabián era entonces una gran polvareda de alegría.

En los 90 se le fue dando más glamour, artistas más caros, escenario con mejores luces y amplificación, y los sanfabianinos luciendo sus mejores pilchas ante los visitantes, mientras daban vueltas en círculo por la plaza comiéndose un helado de nieve o de máquina, lo que fue reflejo de un país que iba cambiando de gatito tiñoso a rugiente jaguar.

El cambio de siglo trajo nuevos aires a San Fabián y a su celebración estrella. Las sucesivas alcaldías, presionadas por un pueblo cada vez más aspiracionista, intentaron dejar su impronta administrativa contratando artistas de renombre nacional, haciendo temblar las siempre exiguas arcas municipales. Se realizaron grandes espectáculos, varios de ellos en el estadio por su envergadura fastuosa y la enorme cantidad de visitantes que llegaban desde San Carlos y Chillán. Sin embargo, la gente fue cambiando, se fue poniendo más cómoda y quejosa, desdeñosa ante los más pobres, y perdiendo el sentido del esfuerzo competitivo. El sentido de clan o de tribu ya no iba con la escisión generacional, con el feroz individualismo que se iba apoderando de los chilenos. Las nuevas generaciones parecían haberse criado en la ley del mínimo esfuerzo y el mucho reclamo, egoístas y consumistas de principio a fin.

En lo sucesivo la Semana de la Montaña fue principalmente espectáculo, gran producción de escenario, divos rubios de la tele que llegaron a animar shows acaparados por humoristas y grupos de cumbias rancheras que amenizaban el bailoteo público de gente que escasamente se conocía o se saludaba, pero que igual lo pasaba bien, disfrutando de toda la magia de la cordillera sanfabianina. Entre esos artistas estuvo María José Quintanilla, el Maestro Antonio Ríos, American Sound, Adrian y los Dados Negros, Illapu, y en la animación estuvo Carolina Oliva, Pato Laguna, el Potro Iván Cabrera y la mismísima Kenita Larraín.

El año pasado la Semana de la Montaña no pudo realizarse debido a los incendios forestales, pero este 2018 se pretendió volver con fuerza a la mística de los primeros tiempos. Se realizó un programa que contempló ese sentido original, las viejas competencias, el sentido de tribu, de pertenencia territorial. Algo se consiguió, se inscribió una tribu de Maitenal, liderada por la familia Melo, convencida de la necesidad del rescate de esa mística. Y también se inscribió Francisco "Cholito" Valenzuela. Totalmente solo, sin candidata, sin tribu, pero muy imbuido de la importancia de su figura en la comuna y de la necesidad de mantener bien vivas nuestras mejores tradiciones. Finalmente se propuso la candidatura a la señora Angélica, quien aceptó y participó con su tranquila presencia en cada actividad de la Semana de la Montaña. Cada noche se les vio sentados al costado derecho del estrado de los artistas. Bien presentados, solemnes, alegres y tiernos. A ratos bailaban cueca o cumbia ranchera, siempre dignos, siempre queridos por el público, cuidados, respetados. Aunque no faltaron en las redes virtuales los reclamadores de siempre, los nuevos ricos, que se sentían muy violentados por la inclusión de personas humildes (enfermas o discapacitadas según el lenguaje de ellos, y más encima morenos) en un espectáculo de gran convocatoria. Pero afortunadamente primó la alegría democrática, primó la sensatez, el sentido de inclusión de una sociedad que, en su lado positivo, ha asumido mayoritariamente la plenitud de sus derechos y deberes, incluyendo la igualdad, la integración y el amparo de todos sus integrantes.

La Semana de la Montaña 2018 quedará en nuestra historia como una afortunada instancia de reencuentro, de emoción, de fraternidad democrática, de multitudes que se deleitaron cada día y noche con el conjunto de actividades preparadas para conmemorar esta fiesta cordillerana. Desde shows nocturnos en la plaza, excursiones al Malalcura, caminatas a la balsa, ferias productivas en la plaza, entretenciones para niños, competencias de la tortilla, tomate y pepino más grande, abundante gastronomía, y un triunfo categórico de las dos reinas y los dos reyes feos, reflejo de la hermandad histórica de los sanfabianinos de antes, de ahora y de siempre.


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